24 marzo 2008

A mi padre ... el “ICO”

(Dic-07, al ser bisabuelo por primera vez)

Podría ser de Teruel
o tal vez fuese de Cuenca
por su nombre al terminar,
más no se lo tengan en cuenta.

Sevilla por nacimiento
abulense de adopción
corito de pensamiento
del cielo su corazón.

Marinero sin “Marina”
hijo sin padre creció
dolores los de una guerra
labrador que se sembró.

Bisabuelo campechano
abuelo no hay otro igual
padre el más fetén de lo humano
persona muy singular.

Amigo de sus amigos
con sus rivales nobleza
a los débiles ¡apoyo!
y con los fuertes ¡firmeza!

Sabiduría en este mundo
su amor del cielo le viene
su carácter ¡estupendo!
su paz a ti te conviene.

Dulce, alegre y amoroso
comprensivo y de experiencia
columna fuerte ¡de piedra!
con su familia paciencia.

Juez como tú yo querría
de sol a sol trabajando
se orienta como el mejor
con su garrota bailando.

Sólo decirte 3 cosas:
•Eres para seguir ¡modelo!
•Tu amor cubre mis pecados
•Y mil gracias ¡bisabuelo!,
por la vida que me has dado.

La Fauna Espiritual

Es cierto que vine al mundo ya hace unos cuantos años.
Nací como un “gorrión” egoísta e inocente. Crecí chupando la vida de mis progenitores y sintiendo fama y celebridad en medio de ninguna parte.
Aprendí a aprender pronto, y con la astucia del “zorro” cazaba cada día en corral ajeno todo aquello que a mí me parecía bueno, pero pronto me deslumbró el “león” al contemplarlo en su esplendor.
Me dispuse a ser el felino tan temido. Caminé con mi melena al viento y un orgullo desmedido al sentirme por todos observado. Con mi guitarra al hombro y desvergonzado no entendí que para ser rey de esta selva debía competir con los más fuertes, matar y devorar a los demás.
Antes de llegar a ser el jefe de algún clan, con mi fama y mi poder, abandoné la manada y proseguí solo mi camino. ¿Dónde podría vivir ajeno a la batalla? Decidí entonces habitar en las alturas, para no tener que dar a nadie explicaciones y sentir el vértigo en las nubes.
¡Eres un “águila”! me dije, como así lo indica mi apellido. ¡Vuela, vuela alto y hasta los cielos, que allí jamás serás tú perseguido! Mi destreza y habilidad dispuse, más mis alas no estaban muy capacitadas y las turbulencias son muy duras en soledad y a esa distancia del suelo y de la nada. Bonito fue volar y no rendirle cuentas al humano, pero mi alimento fue carroña de este mundo, igual que sucedía siendo león: alguien debía morir para que yo encendiese mis motores. Sentí pánico y temor en otros tiempos y como “insecto” molestaba y me escondí hasta ver pasar esos momentos.
Conocí el amor y en sus ojos perdí todos mis galones; de ella tan fuerte me prendí que rompí mi libertad y allí tomé imprudentes decisiones. ¡Pon tu vida junto a mí!, ¿cuál es el precio?; cambiar mi rumbo sería fácil, pues antes fui muy necio. Trabajo, celos, hogar, otra experiencia; trabajo, más trabajo y trabajar: ¡era ese el precio! Cuando acaso alguna vez me disponía a partir, mi corazón preso lo impedía y por si fuera poco la noticia me llegó: ¡aumenta la familia!
Orgulloso de mis cachorros, lleno de vitalidad, fuerza y alegría, me dispuse a luchar, protegerlos sin duda y sin pensar ¡ésta es la vida! Un “búfalo” era allí, cuidando mi manada, confiando en mi fuerza y mi tesón, ni el león se me enfrentaba. Mi envite allí aposté, al encontrar una dulce morada, más de todo aquello que sembré, dos cosas cosechaba: traición y deshonor, esa fue mi paga.
A nadie de esto culpo yo, así es la trama: Fui un mal búfalo y perdí, mal águila también, al no cuidar mis alas; como león caí, pues no cazaba nada; cual zorro… necio al fin; de insecto ¿qué decir?, y como gorrión… apenas nada.
Hoy con el cielo hablé y descubrí que nada de eso fui en realidad. Que mi verdadera identidad es su mirada: una “oveja” débil soy al fin, o sea, casi nada. Pero solo así puedo crecer, y ya entendí que sólo como oveja en el redil recibo de Dios la protección y el alimento; la vida y el gozo y el amor. Pues el Cordero es mi esposo y mi señor y me da su “aliento” y de este modo hoy formo junto a Él un sólo cuerpo. Ahora la vida fluye en mi interior y lleno de alegría y de pasión, estoy ardiendo. Puedo sentir que, sin matar, picar ni devorar, vivo contento; que sin trepar, mentir y hasta humillar, todo lo tengo, y que ésta es del mundo su verdad.
Como oveja modorra en el redil estoy cuidado y camino con limpieza y humildad a mi destino: ser un verdadero “HOMBRE”. Igual que el único que lo fue, humilde, tierno, manso y ¡con poder!; mí amigo, mi maestro y mi señor: Jesús el Cristo, el Santo y Mesías de Israel.
La Tierra hoy está, tal como tú dijiste: hay guerras, muerte, dolor y destrucción por todas partes; ¡animales que se comen sin piedad!, pero en esta fauna terca y demencial hay mucha oveja. El mundo pronto llega a su final y Tú eres la esperanza.
Y a aquel de mis congéneres que tengo oídos para oír le digo: “Tú hombre-animal deja ya de confiar en tu fuerza, fama, riqueza o cualquier habilidad, pues todas ellas por Jesús te han sido dadas, y si las pones a disposición de los demás- por los más necesitados-, y te unes con sencillo corazón a éste redil de Dios, serás del Reino de los Cielos un hombre de verdad, un fiel soldado, vivirás feliz y tu destino final habrás alcanzado.” “Varón y hembra nos creó. Ambos somos para Dios: el “ser humano”.
José J Sánchez Águila
Marzo 2008

08 noviembre 2007

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